"Vivimos una 'pandemia silenciosa' de salud mental post-COVID, donde los sistemas públicos y privados están colapsados". Con esta contundencia defienden las doctoras de CEF.- UDIMA María Frenzi Rabito Alcón y Celia Antuña Camblor su reciente investigación, becada por la Asociación EMDR España. Su misión: desarrollar una intervención rápida con esta técnica terapéutica (que ayuda a procesar recuerdos traumáticos mediante el movimiento ocular bilateral) para atajar la tremenda sobrecarga asistencial que soporta el sistema sanitario ante el aluvión de casos de ansiedad, depresión o ideación suicida, entre otros.
Como explican Rabito y Antuña, la escena de la atención a la salud mental es preocupante: la demanda a menudo supera a la oferta y en muchas ocasiones la atención que requieren los pacientes tiene que ser "inmediata y frecuente". Sin embargo, se encuentran con "citas demoradas con una frecuencia que no se ajusta a su necesidad clínica" por esa carga asistencial "global", defienden las autoras.
El resultado clama al cielo, pues muchas de estas personas que necesitan atención urgente terminar sin poder acceder a los tratamientos que requieren, o al menos poder mantenerlos lo suficiente como para mejorar. Por ello Rabito y Antuña vieron la necesidad de actuar: "Es una urgencia ética y logística".
Su protocolo de siete sesiones con EMDR busca reducir la ansiedad, la depresión, la sintomatología somática y la ideación suicida. Aseguran que "aumenta la adherencia" a la terapia, "reduce el sufrimiento rápidamente" y aborda la comorbilidad (concurrencia de dos o más trastornos) "desde la raíz del trauma", en lugar de atender sólo los síntomas. El objetivo es responder a esa falta de atención de calidad con un tratamiento clínico accesible y adaptado a contextos asistenciales donde los recursos "desgraciadamente, son limitados".
Presenta claras ventajas: mejora la accesibilidad al reducir listas de espera, aumenta la coste-efectividad al optimizar recursos y permite una mayor rotación de pacientes en servicios públicos o seguros privados. Además, un protocolo definido favorece la replicabilidad, la formación de profesionales y la estandarización mínima necesaria para su evaluación científica sin perder flexibilidad clínica.
Supone un gran honor y un respaldo científico e institucional de gran valor a nuestro trabajo. En cuanto a los criterios que han motivado la elección creemos que han sido la solidez metodológica y la orientación aplicada y clínica. Empezando por la primera, nuestro trabajo se divide en dos fases: durante la primera, vamos a reunir la evidencia empírica de los metaanálisis y, la segunda consiste en la investigación sobre el desarrollo de la intervención.
En lo que respecta a la aplicación práctica del estudio, nos centramos en los trastornos emocionales, que destacan por su prevalencia e incidencia, y en la conducta suicida, un fenómeno más frecuente de lo que nos gustaría. Con nuestra intervención breve vamos a conectar con las prioridades de la salud mental: una intervención breve, eficaz y eficiente.
Mientras la revisión tradicional analiza estudios individuales y un metaanálisis los agrupa para calcular su tamaño de efecto, la meta-umbrella review es una "revisión de revisiones". Nos permite sintetizar la evidencia de múltiples metaanálisis, evaluar calidad y sesgos de manera masiva y establecer una base empírica sólida sobre el tamaño del efecto del EMDR. Esto asegura que nuestra intervención clínica se apoye en los datos más fiables disponibles a nivel mundial.
Esperamos que, tras las siete sesiones, los síntomas disminuyan significativamente y que esta mejora se mantenga a los seis meses. Según el modelo de Procesamiento Adaptativo de la Información, una vez desbloqueados los recuerdos traumáticos asociados a la sintomatología, el cerebro continúa sanando y generalizando el bienestar. Esto incluye reducción en la sintomatología ansiosa, depresiva, somática e ideación suicida, reflejando una mejoría estable en el tiempo. Además, cada vez hay más evidencia científica que refleja el papel del trauma psicológico, un factor transdiagnóstico de los diferentes trastornos, por lo cual, nuestra intervención también podría prevenir otros cuadros psicopatológicos.
Los factores transdiagnósticos constituyen la clave para realizar una intervención eficiente al abordar al problema desde su raíz. En nuestro estudio y basado en la evidencia científica previa, consideramos especialmente relevantes variables como la regulación emocional, la disociación, el autocuidado, el apoyo social o la funcionalidad familiar. El análisis de estos factores puede ayudarnos a comprender mejor los mecanismos de cambio terapéutico del abordaje EMDR y a explicar por qué resulta eficaz en distintos trastornos emocionales, más allá de las categorías diagnósticas tradicionales.
Desde nuestra experiencia clínica e investigadora, el EMDR tiene un importante potencial en la prevención del suicidio en estos casos. Al abordar recuerdos perturbadores, experiencias relacionales tempranas y estados emocionales intensos, puede contribuir a reducir el malestar psicológico agudo, la desesperanza y la carga emocional que subyace a la ideación suicida.
Este proyecto contribuye a consolidar el EMDR como un abordaje terapéutico eficaz no solo en el trastorno de estrés postraumático, sino en un espectro más amplio de trastornos emocionales. Los resultados pueden reforzar la idea de que muchos problemas emocionales comparten mecanismos relacionados con el procesamiento disfuncional de experiencias vitales, lo que sitúa al EMDR como un abordaje transdiagnóstico con amplio potencial clínico.
En la universidad aunamos investigación, práctica clínica y docencia de manera integrada para tener un conocimiento 360 de los pacientes. Los datos que generemos se aplican a pacientes reales y se trasladan a la formación de nuestros estudiantes de la Facultad de Psicología y Ciencias de la Salud en titulaciones como el Grado en Psicología, el Máster en Psicología General Sanitaria, y el Máster en Investigación en Trauma Psicológico, entre otras. Esto garantiza que los futuros profesionales aprendan con evidencia actual y desarrollen competencias basadas en intervenciones validadas, no solo en teoría.
Más que transmitir un mensaje, nuestro objetivo es lanzar una invitación a realizar nuevos estudios centrados en terapias aplicables en contextos reales. En un escenario de creciente demanda asistencial, no es suficiente con buenas intenciones o con intervenciones prometedoras desde el punto de vista teórico; se requieren estudios rigurosos, bien diseñados, replicables y clínicamente relevantes.
A través de este enfoque será posible ofrecer respuestas eficaces, éticas y sostenibles a los desafíos actuales de la atención psicológica, ajustadas a las realidades y contextos de las personas que requieren intervención. En este sentido, los tratamientos breves representan una opción especialmente valiosa en aquellos casos en los que otras modalidades terapéuticas, por su duración o frecuencia, resultan inviables o parcialmente eficaces.
En definitiva, debemos comprobar lo que funciona para poder aplicar tratamientos eficaces que se ajusten a las necesidades de las personas en sus contextos, permitiendo intervenciones clínicamente relevantes, sostenibles y orientadas a la mejora real de su calidad de vida.
