La prevención del suicidio y la salud mental son desafíos globales que requieren conocimiento, innovación y sensibilidad. Cada año, millones de personas en todo el mundo se ven afectadas por pensamientos suicidas, autolesiones o la pérdida de un ser querido, lo que hace que la investigación y la intervención en este ámbito sean más necesarias que nunca.
Como parte de su compromiso institucional, CEF.- UDIMA ha tenido el privilegio de entrevistar al profesor Rory O’Connor, profesor de Psicología de la Salud en la Universidad de Glasgow y expresidente de la International Academy of Suicide Research. Esta iniciativa se encuentra en sintonía con los programas de formación avanzada del Grupo Educativo, como el Máster Universitario en Prevención del Suicidio.
O’Connor dirige el Suicidal Behaviour Research Laboratory, uno de los grupos de investigación sobre suicidio y autolesiones más importantes del mundo, y ha publicado ampliamente sobre los procesos psicológicos que precipitan la conducta suicida y las autolesiones.
Además, es autor y coeditor de varios manuales de referencia en la materia, como Understanding Suicidal Behaviour (Comprender el comportamiento suicida) y When It Is Darkest: Why People Die by Suicide and What We Can Do To Prevent It (Cuando está más oscuro: por qué las personas mueren por suicidio y qué podemos hacer para prevenirlo).
El Profesor O’Connor profundizó en su Modelo Volitivo-Motivacional Integrado (IMV), creado en 2011 y actualizado en 2018 junto a Olivia Kirkley. Este modelo es uno de los enfoques más influyentes en la investigación sobre suicidio a nivel mundial.
O’Connor destacó la relevancia de factores como la humillación, el atrapamiento y la derrota, que se muestran universales en distintos contextos culturales. Asimismo, indica que aún hay aspectos que requieren más investigación, como las diferencias entre tipos de pensamientos suicidas y cómo estos influyen en la acción sobre esos pensamientos.
“Más adelante, estaría muy interesado en desarrollar en más detalle el matiz alrededor de la humillación y el intento de suicidio”, señaló O’Connor, poniendo de relieve la necesidad de seguir profundizando en los componentes motivacionales del modelo.
Es muy importante la creación de un modelo inverso, centrado en los factores que protegen a las personas frente al suicidio y reconstruyen su deseo de vivir. Según O’Connor, esto implica explorar aspectos sociales más amplios, como la conexión humana y la salud pública, así como estrategias para disminuir el impacto de la adversidad temprana en la vida de las personas.
“Si queremos promover que más personas quieran vivir en este mundo, necesitamos entender qué protege a la sociedad y a los individuos en momentos de vulnerabilidad”, afirmó.
Algo que deja más que claro que no solo se trata de estudiar la vulnerabilidad, sino también fortalecer la resiliencia individual y colectiva.
En pleno auge de la Inteligencia Artificial, la utilización de ella y diversos algoritmos para la prevención del suicidio es un tema candente y que genera una disparidad de opiniones sumamente llamativa. Por su parte, O’Connor reconoce el potencial de estas herramientas para identificar patrones de riesgo y cambios en el tratamiento de manera más precisa y en tiempo real. Este tipo de evaluaciones -conocidas como evaluación ecológica momentánea (EMA)- permiten desarrollar intervenciones “just-in-time” en momentos críticos de la persona.
“Es vital recordar que, en el corazón de la comprensión del riesgo de suicidio, hay una persona, una historia de una persona, una vida de una persona. La IA puede ayudar, pero nunca debe reemplazar la atención centrada en la persona”, subrayó.
El Profesor O’Connor enfatizó que la combinación de tecnología con intervenciones de salud pública y clínica podría salvar vidas si se utiliza de forma responsable y centrada en la experiencia humana.
Ante la pregunta referida a su propia experiencia con personas que sufren día a día este tipo de problemas, el doctor O’Connor compartió un aprendizaje profundamente humano obtenido de quienes han sobrevivido a intentos de suicidio: la compasión.
“Necesitamos ser compasivos con las personas que luchan, con quienes las apoyan y también con nosotros mismos”, explicó, destacando la importancia de incorporar sensibilidad y cuidado en cualquier enfoque de prevención.
La prevención del suicidio no es solo un desafío científico, sino también un compromiso ético y emocional, que requiere empatía, comprensión y un enfoque centrado en la persona.
Con esta entrevista, CEF.- UDIMA reafirma su convicción de ofrecer a su alumnado experiencias de aprendizaje que combinan investigación de vanguardia y visión práctica. Contar con la perspectiva de un experto de la talla de Rory O’Connor permite a los estudiantes acercarse a los desafíos reales de la prevención del suicidio, comprender la aplicación de la teoría en contextos clínicos y reflexionar sobre cómo sus futuros roles pueden marcar la diferencia en la vida de las personas.
Este enfoque formativo se integra en programas como el Máster Universitario en Prevención del Suicidio, donde los estudiantes tienen la oportunidad de formarse con rigor académico y acceso directo a los avances y referentes más recientes en la materia.
