La estrategia invisible del poder: protocolo y comunicación en los grandes centros de decisión

La comunicación institucional y el protocolo son mucho más que formas o ceremonias. En los grandes centros de poder, cada gesto, cada silencio y cada decisión construyen un relato político. Nada es casual. El orden de una sala, el recorrido de una autoridad, el momento exacto en el que se pronuncia una palabra o se guarda silencio forman parte de una arquitectura comunicativa cuidadosamente diseñada.

Bajo esta premisa, CEF.- UDIMA organizó la masterclass“La estrategia invisible: Protocolo y Comunicación en los Centros de Poder”, una sesión que permitió mirar más allá de lo evidente para comprender cómo se construye la imagen institucional en los escenarios de mayor exposición pública, mostrando la relevancia de la comunicación corporativa

La sesión contó con la presencia de dos perfiles rara vez juntos, pero indudablemente complementarios. La figura del protocolo institucional al más alto nivel, representada por Jesús González Laá, responsable de Protocolo en el Gabinete del jefe del Estado Mayor de la Defensa (JEMAD), y la del periodismo político internacional, de la mano de David Alandete, periodista de renombre y corresponsal acreditado en la Casa Blanca.

El diálogo entre ambos ofreció una visión completa sobre cómo se planifica, ejecuta y comunica el poder, tanto desde las instituciones como desde la mirada crítica de los medios.

La Casa Blanca: comunicación permanente bajo los focos

Desde su experiencia como corresponsal en Washington, David Alandete describe la Casa Blanca como un escenario de comunicación constante, donde cada gesto presidencial se convierte en mensaje político. En este contexto, explicó cómo el liderazgo de Donald Trump ha supuesto un punto de inflexión en la forma de comunicar desde la presidencia de Estados Unidos frente a la de su predecesor Joe Biden. 

“Trump es su propio portavoz. Marca el mensaje directamente y el equipo de comunicación va a rebufo, intentando tapar las vías de agua que se generan. Biden era muy distinto, era imposible acceder a él y su equipo hacía todo lo posible por manipular y mentir acerca de su estado de salud”, relataba el periodista.

Tradicionalmente, la comunicación presidencial estaba marcada por una estructura jerárquica muy clara, con mensajes consensuados, filtrados y difundidos de forma estratégica. La irrupción de un liderazgo personalista ha alterado por completo ese equilibrio, explicó Alandete. “Antes existía una disciplina del mensaje. Ahora el liderazgo es mucho más caótico, tremendamente personalista y basado en la inmediatez”.

Este cambio no solo afecta a la imagen institucional, sino también a la relación con los medios y a la percepción pública de la autoridad, muchas veces percibida como “La ley del más fuerte”.

Protocolo institucional: cuando el éxito es no ser visto

Frente a la exposición mediática constante, Jesús González Laá centró su intervención en el valor del protocolo como herramienta estratégica silenciosa. Desde su experiencia en el ámbito militar, subrayó que el protocolo no debe imponerse ni llamar la atención, sino facilitar que todo funcione correctamente. “El protocolo debe ser invisible. Cuando se ve, normalmente es porque algo no ha salido bien”.

González Laá defendió que el verdadero trabajo del protocolo ocurre mucho antes del acto público: en la planificación, la anticipación de escenarios y la gestión de posibles imprevistos.

En entornos donde la precisión es esencial, la improvisación solo es posible cuando existe una preparación exhaustiva. “La mejor improvisación es la que está mejor preparada”, aseveró el responsable de protocolo del JEMAD.

Este enfoque es el que permite que las instituciones proyecten solidez, coherencia y autoridad, incluso cuando surgen situaciones no previstas.

Liderazgo, imagen y ruptura deliberada de normas

Uno de los debates más interesantes de la sesión giró en torno a la ruptura de normas como estrategia comunicativa. Ambos ponentes coincidieron en que, en determinados contextos, incumplir deliberadamente las reglas también comunica poder.

Para González Laá, la imagen pública no es accidental, sino una construcción consciente: “La imagen que proyecta Trump es la que quiere vender. Y es la que finalmente llega al ciudadano”.

Desde la óptica periodística, Alandete advirtió de los efectos a largo plazo de este tipo de liderazgo: “Cuando se rompen las normas de forma constante, se normaliza ese comportamiento. Y otros líderes empiezan a copiar ese lenguaje y esa manera de comunicar”.

Este fenómeno tiene consecuencias profundas en la cultura política y en la forma en que la ciudadanía percibe la autoridad y las instituciones.

Medios e instituciones: una relación de tensión constante

En la actualidad, existe una compleja relación entre las instituciones y los medios. Frente a la idea de opacidad, Alandete destacó que, paradójicamente, el acceso a la información puede ser mayor en entornos aparentemente más hostiles.

“-Trump- es un presidente muy accesible. Puedes hablar con él directamente, algo impensable en otras administraciones, incluso la española, donde acceder al presidente del Gobierno es casi imposible”.

Pero esta accesibilidad no hay que confundirla, ya que no siempre se traduce en transparencia, sino en una estrategia comunicativa basada en la saturación del mensaje y la ocupación constante del espacio mediático. Cuánto más se repite una idea, valor o mensaje más se es capaz de interferir en la sociedad. 

Desde el ámbito institucional, González Laá defendió la necesidad de entender a los medios como aliados imprescindibles. No es solo el hecho, sino el qué podemos saber del hecho: “No sirve de nada organizar un acto perfecto si luego no se cuenta. Los periodistas forman parte del ecosistema comunicativo”.

El equilibrio entre control institucional y libertad informativa es uno de los grandes retos actuales de la comunicación pública. Muchas veces estamos cayendo en burbujas mediáticas y trincheras que nos hacen creer que estamos informados, cuando lo único que estamos haciendo es autoconvencernos de nuestra propia idea. 

Vocación, formación y responsabilidad profesional

La reflexión más importante está dirigida a aquellos que se están formando en protocolo, comunicación y relaciones institucionales. González Laá puso el acento en la vocación y la responsabilidad que implica trabajar en estos ámbitos.

“Este es un trabajo que exige conocimiento, estudio y compromiso. Cuando alguien se dedica a lo que le gusta y lo hace bien, las oportunidades acaban llegando”.

Junto con Alandete, ambos coinciden en la importancia de una formación sólida, capaz de combinar teoría, práctica y pensamiento crítico para afrontar escenarios cada vez más complejos y expuestos.

Comprender el poder desde lo que no se ve

Iniciativas como esta ponencia se enmarcan en la apuesta de CEF.- UDIMA por una formación universitaria conectada con la realidad profesional, el análisis crítico y el contacto directo con expertos que operan en los principales centros de decisión. A través de encuentros que combinan la visión institucional, la experiencia periodística y el estudio de casos reales, la universidad refuerza su objetivo de ofrecer a su alumnado una formación rigurosa, actualizada y alineada con los retos actuales de la comunicación. En esta línea, CEF.- UDIMA ofrece el Grado en Comunicación Corporativa, una titulación orientada a preparar a futuros profesionales para comprender y gestionar la comunicación estratégica, el protocolo y la reputación institucional en entornos complejos y de alta exposición pública.

Aquí puedes ver la ponencia completa.