¿Cómo puede afectar una lesión cerebral (por accidente cerebrovascular, traumatismo, tumor, infección...) en la aparición de un trauma a nivel psicológico? Una cuestión específica, compleja y no tan reconocido por algunas disciplinas. Para comprender mejor el componente emocional que existe en casos de daño cerebral adquirido (DCA), el neuropsicólogo Sergio Castell ampliaba también horizontes sobre el abordaje terapéutico de estos casos en su ponencia El trauma emocional en el daño cerebral adquirido, organizada por el Grupo Educativo.
Castell, que acumula una larga trayectoria de atención al daño cerebral adquirido, ejerce actualmente como neuropsicólogo en el Centro de Referencia Estatal de Atención al Daño Cerebral (CEADAC), y combina su labor clínica con la docencia en títulos de máster y grado, entre otros roles profesionales.
Durante su intervención, Castell esbozó una potente panorámica sobre cuestiones "que no se operativizan en general en la neuropsicología", comentó la profesora Garazi Laseca (de la Facultad de Psicología y Ciencias de la Salud), que acompañó al neuropsicólogo. Según dijo, la ponencia permitió profundizar en el DCA "no sólo desde lo conductual o puramente emocional, siempre vinculado al daño cerebral"; quizás menos explorado por las "tradiciones" del DSM-V.
Para abordar el DCA desde el trauma, Castell repasó el propio concepto de neuropsicología clínica desde lo que siente como profesional, de los objetivos que deben ser prioritarios antes de entrar en la evidencia científica. Y que podría resumirse con lo que se ve en la clínica: "Ayudar y acompañar en un momento muy complicado de la vida" de una persona.
El neuropsicólogo entiende su disciplina con la P de psicología y la de "paciente", subrayando que en todo momento la persona "debe poder entender por qué hacemos lo que planteamos en la intervención" para que esta sea lo mejor posible. Además de cuidarse como profesionales, reflexionó, hablando del autocuidado y el posible trauma vicario por escuchar las situaciones dramáticas vividas por el paciente. "Es algo de lo que solemos hablar poco en neuropsicología".
En la relación entre profesional y paciente, hay que cuidar los sentimientos y actitudes que se intercambian, pues pueden condicionar mucho la adhesión terapéutica. Es fundamental conocerse como profesionales y no olvidar que cada persona es única. Castell se centra en el daño cerebral adquirido porque se preguntaba "hasta qué punto hay una parte orgánica en ese DCA". Como explicó, el trauma emocional por separado ya genera un impacto sobre el funcionamiento cerebral; "qué impacto no tendrá si además ha generado un DCA".
Centrándose en las necesidades específicas de cada persona, el neuropsicólogo instó a los compañeros de profesión a no perder de vista cuáles son aquellas "más alteradas" y en cuáles "nos podemos apoyar" para elaborar esa intervención. Todo ello buscando generar el "vínculo de confianza" que pone verdaderamente en marcha la rehabilitación.
El gran reto en la clínica, prosiguió, es sortear la dificultad para saber de dónde viene cada síntoma, pues es la única materia prima que ve y sobre la que trabaja el neuropsicólogo. Las fases del trauma son "difusas, difíciles, duras..." y repentinas, dentro de la clasificación que sí aportó Castell: aguda, subaguda y crónica (esta última, "muchas veces de por vida").
El trauma no deja de ser un cúmulo de problemas muy amplio, heterogéneo, con una elevada prevalencia cuando hay DCA ("hasta tres veces más", apuntó Castell), y que afecta a una o varias esferas de la funcionalidad, dejando secuelas a largo plazo (relaciones de pareja, familiares, laborales...). "Sin olvidar que tiene escaso reconocimiento por algunas disciplinas, lo que agrava la problemática", abundó. Ahora, ¿cómo se aborda en la clínica?
En una lesión cerebral el daño se produce en el órgano que nos permite adaptarnos a los cambios, comentaba Castell. Por ello, el DCA genera un profundo cambio vital, impactando en al menos una de las esferas importantes de la vida: las actividades diarias (vestirse, alimentarse), instrumentales (comprar, planificar) y más avanzadas (trabajar, aprender, relacionarse...).
Como trauma, la experiencia perturbadora tiene efecto durante mucho tiempo, alterando el normal funcionamiento de la persona. Por ello, son cambios que a menudo "desafían la visión que la persona puede tener del mundo como un lugar justo, seguro y predecible".
Sin olvidar que las reacciones a un mismo evento traumático varían según la persona, lo que recrudece el diagnóstico del TEPT: cómo interpretar los síntomas según la DSM-V desde la lesión cerebral. "Hasta qué punto se puede explicar por la propia lesión orgánica, o por la adaptación psicológica".
En este sentido, Castell animó a los futuros profesionales a que desarrollen herramientas "lo más fiables posible" para identificar a qué se debe cada cosa: DCA, trauma, DCA y trauma, pues "aún no tenemos demasiadas". Al no tenerse en cuenta el verdadero peso de esta lesión cerebral en el trauma, no se comprenden bien los trastornos emocionales y conductuales que genera, distintos en cada individuo. "Y puede comprometer el funcionamiento social y aumentar el riesgo suicida", agregó. "Faltan instrumentos de valoración adecuados".
La intervención debe seguir el esquema: intervención psicofarmacológica, modificación de la conducta, Neurorrehabilitación (NRHB), trabajo con el medio familiar, y psicoterapia. El objetivo es claro: "que la persona recupere el máximo grado de autonomía posible", trabajando sobre las alteraciones emocionales (los grandes "obstáculos para la rehabilitación, y clave en la adhesión terapéutica, señaló Castell), así como la cognición, conciencia y funcionalidad de la persona ('¿quién era, soy y puedo ser?'), antes de entrar en el entorno cercano y la atención a familias (donde informar y psico-educarles es clave).
Antes de empezar, Castell recordó la importancia de valorar correctamente los síntomas y signos sobre los que se intenta trabajar: metacognición (de qué nivel de capacidades partimos), estado anímico en las situaciones cotidianas (calma, alegría, fatiga...) y cómo afronta la persona el trauma, el duelo y la anosognosia. A menudo "no saben bien qué es una lesión cerebral", las fases, y "necesitan saber cómo evoluciona esto", detalló el ponente.
Hay que tener muy en cuenta el contexto y abordar la recuperación de la persona sin limitarse a lo cognitivo, aseveró Castell. El acompañamiento comienza desde que se pregunta, al inicio de la intervención, qué objetivos tiene de recuperación. Aunque digan "recuperar el 100% de mi vida anterior", el neuropsicólogo defiende que "si todo va bien, no quieren volver a ser quienes eran antes. Es un crecimiento muy bueno y vale oro".
Entre las técnicas y herramientas más relevantes para intervenir y conocer como neuropsicólogos, Castell enumeró la cognitivo-conductual, el humanismo, la Gestalt, el psicoanálisis y la polémica EMDR, criticada por exponer en imaginación al evento traumático. Pero Castell lo defendió como medio para "desensibilizar" respecto a dicho acontecimiento.
Se trata de "reprocesar" el recuerdo para darle un nuevo sentido, reconocer cómo se experimenta a nivel emocional y "generar una narrativa propia sobre lo ocurrido y aceptarla", desgranó. Es cierto que los estudios de EMDR en pacientes DCA con TEPT son limitados, concluyó, pero ese trastorno sigue siendo prevalente en personas con daño cerebral. Y, como él mismo comprobó con un caso real, el EMDR “fue un clic que no había hecho hasta entonces”; “conseguí en seis sesiones lo que no había conseguido en dos años”.
> Aquí puedes ver la ponencia completa.
