CEF.- UDIMA lanza el Grado en Educación Social ante el aumento de la exclusión y la fragmentación social en España

Mié, 22/04/2026

El aumento de la exclusión social en España no solo refleja una cuestión de cifras, sino una transformación más profunda: una sociedad cada vez más fragmentada, atravesada por desigualdades que se acumulan y se reproducen en el tiempo.

Según el IX Informe FOESSA, cerca de 9,4 millones de personas (19,4 % de la población) se encuentran en situación de exclusión social. Factores como la precariedad laboral, la dificultad de acceso a la vivienda o la brecha digital no actúan de forma aislada, sino que se entrelazan generando trayectorias vitales marcadas por la incertidumbre.

En este contexto, CEF.- UDIMA incorpora a su oferta académica el nuevo Grado en Educación Social, una titulación orientada a formar profesionales capaces de intervenir en realidades complejas y contribuir a reconstruir los vínculos sociales.

Más allá de la intervención: “tejer” en una sociedad fragmentada

Lejos de enfoques simplistas, la educación social no puede entenderse como una intervención puntual ni como una respuesta asistencial.

Para Marco Ramos, director del grado, el papel del educador social se asemeja más al de un artesano: “su labor implica articular una complejidad en un todo, como quien cose retales que en principio no encajaban entre sí para formar un tejido útil, pero también bello y único”.

Esta metáfora no es casual. Describe tanto la práctica profesional como el contexto actual: una sociedad construida a partir de realidades fragmentadas, donde la intervención socioeducativa consiste en reconectar trayectorias, generar sentido y abrir posibilidades.

Una sociedad marcada por tensiones estructurales

Las transformaciones sociales de las últimas décadas —precariedad juvenil, dificultades de emancipación, cambios en el mercado laboral o crisis recurrentes— han generado un escenario de creciente tensión social.

“Nos hallamos frente a una tormenta perfecta”, señala Ramos, poniendo como ejemplo la crisis de acceso a la vivienda o la dificultad de los jóvenes para construir un proyecto vital propio. En este contexto, el educador social no actúa al margen de estos procesos, sino dentro de ellos, mostrando alternativas y abriendo caminos posibles.

Su papel no es resolver todos los problemas estructurales, sino intervenir en ellos desde lo cotidiano, acompañando procesos y generando oportunidades allí donde parecen inexistentes.

Romper el círculo de la desigualdad

Uno de los grandes retos actuales es la acumulación de desventajas. La desigualdad, la brecha digital, el abandono escolar o la salud mental no son fenómenos independientes, sino dimensiones de una misma realidad.

El director del grado lo ilustra con claridad a través de un ejemplo: un joven con escasos recursos, dificultades de acceso a internet y sin redes de apoyo puede ver cómo, progresivamente, su situación deriva en abandono escolar, precariedad laboral y pérdida de expectativas.

“Se trata de un círculo vicioso”, explica, frente al cual la educación social propone una intervención global: “comprende todo el proceso y trata de intervenir en cada uno de esos puntos, abriendo ventanas de posibilidad frente a aquello que parece estar escrito”.

Un perfil profesional clave en las políticas de bienestar

En este escenario, la figura del educador social adquiere un papel cada vez más relevante dentro de las políticas públicas.

Su intervención se extiende a ámbitos como la infancia y la adolescencia, la salud mental, la inserción laboral, la intervención comunitaria o el sistema penitenciario. A diferencia de otros perfiles, su labor se centra en la educación, la prevención y el acompañamiento, más que en la gestión administrativa de recursos.

Además, el refuerzo de su presencia en la Administración, impulsado, entre otros factores, por marcos normativos como la LOPIVI, lo que evidencia la creciente necesidad de este perfil profesional.

Un grado diseñado para una realidad compleja

El nuevo Grado en Educación Social de CEF.- UDIMA ha sido concebido precisamente para responder a este contexto.

El plan de estudios propone una formación basada en tres pilares en constante diálogo:

  • una base teórica sólida, que permita comprender la complejidad social, 
  • una formación práctica rigurosa, vinculada a contextos reales de intervención, 
  • y una dimensión ética central, orientada a la defensa de los derechos humanos y la justicia social. 

“Queremos ir más allá de una visión tecnocrática o instrumental”, afirma Ramos. “proponemos una formación ético-política, crítica y situada que prepare profesionales capaces de leer las desigualdades desde claves interseccionales y actuar con sensibilidad en escenarios complejos”.

Una forma distinta de entender la educación social

Este enfoque también implica una manera diferente de concebir la propia disciplina.

Desde CEF.- UDIMA se defiende que la educación social no debe entenderse como un recurso subsidiario ni limitado a contextos de exclusión, sino como un derecho de la ciudadanía.

“Su función es generar oportunidades de aprendizaje, desarrollo y participación a lo largo de toda la vida”, destacando su papel en la construcción de una sociedad más cohesionada.

Formación para intervenir en el presente y construir futuro

Con esta nueva titulación, CEF.- UDIMA apuesta por una formación alineada con los principales desafíos sociales actuales, pero también con una visión de futuro.

Más allá de la empleabilidad, el grado se plantea como una herramienta para formar profesionales capaces de interpretar la realidad, intervenir en ella y transformarla.

Porque la educación social parte de una convicción fundamental: “confiar en que el futuro puede ser mejor y que nos corresponde a nosotros hacerlo posible”