Crean una formación para sanitarios que puedan verse afectados por 'nomofobia' para "cuidar sin descuidarse"

Ansiedad, estrés, alteraciones del sueño, irritabilidad, conductas adictivas... un cóctel de malestares que, en los peores casos, puede desembocar en una enfermedad o alteración mental grave. Cada vez más, el uso excesivo del teléfono móvil está detrás de todos ellos (algunos simultáneos). Ya hay numerosos estudios de cómo afecta a la población general, y aquellos en especial riesgo como los adolescentes.

Si además la salud de otra persona está sobre la mesa, el problema es aún mayor. Para preservar el bienestar del personal sanitario y mejorar la calidad de su asistencia, un grupo de investigadores de la universidad de Almería y del Grupo CEF.- UDIMA ha creado un curso para prevenir ese 'miedo a no poder usar el teléfono' y generar hábitos de uso saludables entre médicos, enfermeros y resto de profesionales en contextos sanitarios.

Entre sus responsables se encuentra la profesora María Dolores López Salmerón, de la Facultad de Psicología y Ciencias de la Salud de la universidad del Grupo Educativo. El curso Desconectando para reconectarse nace de una investigación financiada por el Instituto de Salud Carlos III de Madrid, y se basa en evidencia científica consolidada sobre el uso problemático del smartphone y sus alteraciones psicoemocionales.

La solidez del programa se sustenta tanto en el rigor científico del equipo investigador como en el respaldo institucional y el currículo del profesorado. "El programa está basado en modelos de mindfulness y la terapia cognitivo-conductual (TCC), dos enfoques con amplio respaldo empírico para abordar conductas adictivas, regulación emocional y autocontrol atencional".

La aportación del organismo madrileño no es sólo económica, sino que ha permitido integrar la teoría y la práctica clínica en la investigación. Al combinar mindfulness aplicado, estrategias cognitivas y de cambio de hábitos, así como herramientas validadas, la formación resultante tiene un diseño "estructurado y evaluable". Según López Salmerón, esto es lo que lo diferencia de otros cursos, que no están basados en modelos terapéuticos contrastados. “Hacemos un pre y post medida para comprobar si verdaderamente ha sido efectivo”. 

¿Hiperconectividad vs. 'mindfulness tecnológico'?

En el caso de los profesionales sanitarios hay una especie de 'marea perfecta' que hace especialmente necesario intervenir ante casos de dependencia emocional. No es sólo que esa dependencia esté asociada a mayores niveles de ansiedad, estrés crónico, dificultades para concentrarse, conciliar el sueño o caer en el burnout. Además, la hiperconectividad actual dificulta que "desconecten psicológicamente fuera del horario laboral", y esto "favorece la sobrecarga cognitiva" de los profesionales, detalla la investigadora.

“Trabajan en entornos de alta exigencia emocional y asistencial”, prosigue López Salmerón, “donde la hiperconectividad puede amplificar el desgaste mental y afectar a su bienestar profesional, con posibles repercusiones en su nivel de fatiga y en la gestión del estrés”. 

Así, el curso se apoya conceptos como el 'mindfulness tecnológico', que mueve a los profesionales a tomar conciencia de cómo, cuándo y para qué usan el teléfono, analizando los impulsos, emociones y automatismos que aparecen justo antes de usarlo, y evitar así reaccionar de forma automática, apunta la profesora. "No se trata de eliminar la tecnología, sino de recuperar el control sobre ella".

Por otro lado, el propósito de la formación es que esos profesionales que viven adheridos al teléfono consigan adoptar hábitos saludables de desconexión: delimitar tiempos, espacios y funciones del móvil (notificaciones no esenciales, evitarlo antes de dormir, establecer momentos 'libres' de pantalla o buscar propósitos concretos que justifiquen usar el dispositivo).

"En la práctica clínica y laboral esto se traduce en micro pausas de atención plena, mayor presencia en la relación con el paciente, reducción de distracciones y una mejor separación entre trabajo y descanso, favoreciendo tanto el bienestar del profesional como la sostenibilidad de su desempeño", desgrana López Salmerón.

Una formación "replicable"

La formación busca ante todo que quienes sufran o puedan desarrollar sintomatología 'nomofóbica' puedan desarrollar estas competencias de autoconsciencia y autorregulación con su smartphone, e integrarlas en el día a día. No obstante, aunque su enfoque es mayormente preventivo, también capacita para detectar de forma precoz este problema en terceras personas (compañeros o pacientes), y ofrecer pautas básicas de acción.

Este es un rasgo que refleja la "coherencia" entre los objetivos, contenidos y herramientas que aporta el curso, que ha quedado registrado en la Fundación para la Investigación Biosanitaria de Andalucía Oriental (FIBAO). Como explica López Salmerón, que forme parte de su propiedad intelectual acredita que el curso tiene un diseño "innovador" (al integrar mindfulness y salud digital), y refuerza su potencial.

Es decir, que por su estructura y metodología "facilita la transferencia del conocimiento, al permitir que los resultados de la investigación se traduzcan en una intervención replicable, evaluable y aplicable a distintos contextos sanitarios", argumenta la investigadora.

Esa transferencia de conocimiento se alinea con la estrategia de salud mental y prevención del suicidio de la universidad del Grupo Educativo: abordar el uso problemático del smartphone como factor emergente de riesgo para el bienestar psicológico, conectado con la tecnología educativa como herramienta para formar desde la inclusión y la evidencia científica.

López Salmerón asevera que el programa del curso es un ejemplo de la investigación aplicada que defiende la Facultad, que busca transformar resultados científicos en formaciones "con impacto social". Y que define el compromiso de la universidad de poner innovación y ciencia al servicio de las personas y el sistema sanitario.

Tecnología, a nuestro servicio

En su opinión, casos como los de los profesionales sanitarios deben hacernos reflexionar sobre la digitalización, que lejos de ser una amenaza "es una oportunidad". El reto, dice, es aprender a relacionarnos mejor con la tecnología, en lugar de eliminarla: ayudar a las personas a preguntarse para qué usarla, cómo les hace sentir y cuándo "deja de ser útil".

Para ella, afrontar este curso "no es una cuestión de debilidad" ni de etiquetas. Más bien habla de querer cuidarse y adoptar herramientas realistas para integrar la tecnología en la vida diaria "sin que sustituya el descanso, la atención plena o las relaciones humanas". Se trata de que la tecnología no nos dirija, sino que esté a nuestro servicio, apunta la investigadora.

"En un entorno cada vez más exigente y digitalizado, muchos profesionales funcionan a un alto nivel pese al cansancio, la sobrecarga y la hiperconectividad", abunda López Salmerón. "Pero eso no significa que no tenga un coste". Por ello anima a ver el curso como una oportunidad también de formarse para "querer trabajar mejor, vivir con más calma y seguir cuidando sin descuidarse uno mismo".