Tres investigadoras lideran un número especial sobre prevención suicida con más de 30.000 lecturas en la revista ‘Behavioral Sciences’

Lun, 09/03/2026

Es un grave problema psicosocial y de salud pública, que se cobra más de 700.000 vidas cada año en todo el mundo según la OMS. Su mayor complejidad es su naturaleza multidimensional: no hay un único perfil, una única forma de verse afectado, sino múltiples. El reciente avance en la comprensión del suicidio y las conductas asociadas es innegable, pero identificar cuánto pesan los distintos factores de riesgo y sobre todo de prevención, sigue siendo un reto. 

Conscientes de esa necesidad, las investigadoras Irene Caro, Eva Izquierdo y María Cantero del Grupo CEF.- UDIMA asumieron la responsabilidad de ahondar en los factores interpersonales, psicosociales y contextuales para mejorar la prevención del fenómeno suicida. Para ello elaboraron un número especial recopilatorio de artículos de investigación en la Behavioral Sciences, revista científica internacional de acceso abierto. 

El monográfico Conductas suicidas: prevención, intervención y posvención ha reunido 13 artículos de investigadores especializados en la materia -número elevado, pues cada texto supone habitualmente unos 2.500 euros- para contribuir al desarrollo de nuevas estrategias y programas personalizados, con los que mejorar el abordaje global de la conducta suicida. 

A través de un riguroso sistema de revisión por pares ciegos, el documento liderado por las investigadoras del grupo HOPES reúne firmas de investigación como las de Pilar A. Saiz, Miguel A. Carrasco, Enrique Baca, Leo Sher o Laura Joyner. Su trabajo, que pronto estará impreso, ha cosechado ya más de 30.000 lecturas. Ahora, Eva Izquierdo, Irene Caro y Elena Brenlla preparan un segundo número sobre prevención del suicidio en población vulnerable. 

“Estamos muy satisfechas con el impacto conseguido, que ha superado nuestras expectativas”, señala Eva Izquierdo. La visibilidad que ha obtenido el documento les permite darse a conocer a otros grupos de investigación y establecer redes internacionales de colaboración, con las que lograr mayores avances en la investigación y, por ende, en la prevención del suicidio, defiende. 

Formación innovadora en salud mental 

Izquierdo respalda también la prioridad de este trabajo coral en la estrategia de la Facultad de Psicología y Ciencias de la Salud de CEF.- UDIMA, de la que es decana. “Aunamos un gran número de expertas en prevención del suicidio a nivel investigador y aplicado”, produciendo programas oficiales especializados de Doctorado y de Máster (este último, pionero en España). 

El objetivo forma parte de una estrategia institucional más amplia, que permita al Grupo Educativo impulsar formaciones innovadoras en salud mental, con un reforzado enfoque científico, ético y multidisciplinar de la universidad. 

Así lo corroboran los proyectos de innovación docente que desarrollan con inteligencia artificial para diseñar casos prácticos de prevención, o los trabajos de fin de máster (TFM) en los que exploran formas más eficaces de abordar problemas vinculados a la conducta suicida. 

La cadena ‘derrota-atrapamiento-depresión’ 

De los 13 artículos, el de las profesoras de CEF.- UDIMA aborda la ideación suicida en adolescentes y jóvenes adultos integrando dos niveles de análisis que no suelen concurrir: una revisión sistemática de toda la evidencia sobre ideación suicida y un modelo teórico tentativo sobre esta. De esta forma, compilaron toda la investigación existente y también la organizaron en torno a tres procesos: la derrota, el sentimiento de atrapamiento y los síntomas depresivos. 

El artículo valida modelos contemporáneos que tratan de explicar cómo se produce la conducta suicida, especialmente el Modelo Motivacional-Volitivo o IMV, (del experto internacional Rory O’Connor, entrevistado recientemente por CEF.- UDIMA). Pero, además, aporta evidencia empírica a dicho modelo, ayudando a “refinarlo” al subrayar el “papel mediador de la depresión en etapas tempranas del proceso suicida”, abunda la profesora Caro. 

Sus resultados sugieren un encadenamiento procesal: “La experiencia de derrota puede dar lugar a sentimientos de atrapamiento, y esto constituye un mecanismo central en la transición hacia la ideación suicida”, detalla Caro. Además, ambos se asocian de forma “significativa” con los síntomas de depresión, uno de los riesgos más robustamente establecidos en el suicidio.  

Es decir, el trabajo propone un “esquema integrado”, donde la sensación de derrota “puede intensificar el atrapamiento y ambos contribuir a una mayor sintomatología depresiva”, que puede dar lugar en última instancia esa ideación suicida, confirma Izquierdo. 

Intervención más temprana 

Como explica la decana, lo que aporta el artículo es que profundiza en la explicación de cómo los tres factores interactúan entre sí y pueden tener un papel central en la ideación suicida. Además, al tener una base empírica sólida y revisada y una estructura teórica explícita, su estrategia puede “ser contrastada, refinada y replicada en distintos contextos y poblaciones”. Algo que ayuda no solo a la investigación futura, sino a la práctica clínica, donde hay que llegar. 

El texto sugiere que tanto la derrota como el atrapamiento son factores transdiagnósticos, por lo que tendrá un impacto claro en la prevención, apunta la profesora Elena Brenlla, que participa en el segundo número en el que trabajan ahora las investigadoras.

En los protocolos es importante evaluar la ideación suicida, identificar signos depresivos y explorar las posibles experiencias subjetivas de derrota (“sentimientos intensos de fracaso, humillación o pérdida de estatus”) y de atrapamiento (“sensación de no tener salida, de estar bloqueado o sin alternativas”). Esto permitirá intervenir en fases más tempranas del proceso motivacional descrito por el modelo IMV, recalca Izquierdo, y orientar a la hora de diseñar intervenciones preventivas. 

Mirada a los colectivos más vulnerables 

En el próximo número trabajan ya las profesoras Izquierdo, Caro y Brenlla: Conductas suicidas y prevención en poblaciones vulnerables. El proyecto pone el foco en una perspectiva interseccional que consideran imprescindible para la prevención del suicidio.   

Como explican, en este marco hay distintos ejes de desigualdad social (como el género, la orientación sexual e identidad de género, la edad, el origen cultural o étnico, la clase social, la situación migratoria, la discapacidad o el contexto territorial) que se entrecruzan y configuran realidades diversas de vulnerabilidad, sufrimiento y barreras para acceder a la ayuda. 

Con este enfoque mejoran la detección del riesgo, porque no se basa en “perfiles simplificados” y “permite intervenciones más ajustadas”, defienden. Además, ayuda a identificar barreras de acceso a los recursos sanitarios y a promover políticas públicas más equitativas. 

El objetivo es ofrecer una panorámica actualizada de investigaciones más precisas, interdisciplinares y orientadas a generar herramientas útiles para la prevención primaria, secundaria y terciaria, resume Izquierdo.  

Para ello, en este nuevo número se invita a aportar estudios más amplios “basados en datos” y metodologías que superen las limitaciones tradicionales, atendiendo no solo a los factores de riesgo sino también a los factores protectores. En definitiva, concluye Izquierdo, el monográfico aspira a ser una “expresión de compromiso ético y científico” con una prevención más equitativa y rigurosa.